Manifest about ants and heroes

Paula Medina - Senegal


April 16, 2019

*February 17th 2019*





“If any of you, students, are curious for a while, go and observe the ants

in their daily routine, you will see that they all follow a perfect line.

Everyone marches following the one in front of them, without deviating from

the norm, without trying to jump the queue, without following a different

direction. And if you observe them thoroughly, you will realize that no one

is telling them what to do, they just do it because they feel is the right

thing to do for the community.”



“And then we, humans, are here, requiring someone to continuously control

our behavior, and however, we are not able to act in a responsible way.

Wasn’t the difference between humans and animals that we were rational

beings? Where is our capacity to act according to our community and

environment?”



“Is time that we start recognizing our own responsibilities as citizens,

and act in a proper, responsible and respectful way towards the rest our

community and our environment. We should stop blaming authorities for

problems that are coming from our own daily actions, and start changing. We

all blame the government for the slow development of our country, but it’s

only in our hands to lead this country to the development we all want. It’s

only us, from inside, the ones that know what we need and want, and the

only ones able to achieve it. ”







It was a normal Wednesday morning during the first block in the lycée of

Khombole, where I work. I had done my half an hour walk from my house to my

apprenticeship, which means traversing the exhausting sandy path, but also

receiving my daily gift of seeing that majestic sun invading the sky. In a

timid but vivid way, it firstly rises step by step, to end up hugging the

whole sky at once with its energy. And after I had arrived at the lycée and

greeted the teachers in the staff room, I reached the L2 class with my

supervisor. After setting his classroom for the lesson, he started talking

to his 52 around 16 years old students, about ants.



……..





And then he paused.





In a classroom where the number of students is too much considering the

resources, where the learning pace is sometimes too fast; it just feels too

difficult to maintain the concentration. In a classroom, where conditions

are just difficult; all the more than 100 eyes present in the class were

staring at him, with admiration, with pride, with love, with inspiration.

No one had side conversations, no one checked their cell phone or their

watches. Everyone just stared, and listen.





I have the privilege of working with M. Faye three days a week, and every

single day he puts a drop of inspiration in my soul. Putting aside his

large language knowledge, his professional teaching skills, and the

dedication he has to his job, what strikes my attention the most about him

is his conception of education. In every single lesson, he makes sure his

students learn a combination of speaking, writing and listening skills. But

also, he makes sure that they learn a life lesson. Voluntarily or

involuntarily, he waters his students with love, patience, dreams,

confidence, hope. He makes them believe in a possibility of change, in

their own power to decide on the future of their own lives and of the ones

of their loved ones.





In my town, I’m extremely lucky to have so many mentors reaching my mind,

my heart and my soul every day. But I’m so moved towards the idea that his

powerful words and unique actions are able to reach not only me but around

150 young restless curious souls every year in this hidden lycée.







*I assure you, M. Faye, supervisor, teacher, fellow, friend, hero; that

that small waves you propagate with your presence, are priceless, and that

one day, they will create an ocean of change. Just like those little but

courageous ants you used to talk about, step by step.*







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*17 de Febrero de 2019*





“Si alguno de vosotros, estudiantes, siente el espíritu curioso; salid y

observad a las hormigas en su rutina diaria, y entonces podréis ver que

todas siguen una línea perfecta. Todas caminan siguiendo a la compañera que

tienen en frente, sin desviarse de la norma, sin intentar saltarse la cola,

sin seguir una dirección diferente. Y si observáis detenidamente, os daréis

cuenta de que nadie les está diciendo qué hacer, simplemente lo hacen

porque creen que es lo correcto para la comunidad “.





“Y luego aquí estamos nosotros, los humanos, requiriendo de alguien que

controle continuamente nuestro comportamiento, y aun así, no somos capaces

de actuar de una manera responsable. ¿No era la diferencia entre humanos y

animales que nosotros éramos los seres racionales? ¿Dónde está nuestra

capacidad de actuar teniendo en cuenta nuestra comunidad y medio ambiente?”





“Es hora de que empecemos a reconocer nuestras propias responsabilidades

como ciudadanos y actuemos de una manera adecuada, responsable y respetuosa

hacia el resto de los ciudadanos y hacia nuestro entorno. Dejemos de culpar

a las autoridades de los problemas que surgen de nuestras propias acciones

diarias y comencemos a cambiar. Todos culpamos al gobierno por el

¨subdesarrollo¨ de nuestro país, pero solo está en nuestras manos llevar a

este país al desarrollo que todos queremos. Somos solo nosotros, desde

dentro, los únicos que sabemos lo que necesitamos y queremos, y por tanto,

los únicos que podemos lograrlo. ”









Era una mañana normal de miércoles durante el primer bloque en el lycée de

Khombole, donde trabajo. Había hecho la media hora de caminata desde mi

casa hasta mi apprenticeship, lo que significa atravesar el agotador

camino/desierto de arena, pero también, el recibir mi regalo diario de ver

ese majestuoso sol invadiendo el cielo. De una manera tímida, pero vívida,

primero se eleva paso a paso, para terminar abrazando todo el cielo de una

vez con su energía. Y tras llegar al lycée, saludé a mis compañeros en la

sala de profesores y llegué a la clase L2 con mi supervisor. Después de

preparar su clase para la lección, comenzó a hablar con sus 52 estudiantes

de alrededor de 16 años, sobre hormigas.





……..







Y luego se detuvo.







En un aula donde el número de alumnos supera el ideal teniendo en cuenta

los recursos, donde el ritmo de enseñanza es a veces demasiado rápido,

donde el clima dificulta la concentración; en un aula donde las condiciones

son simplemente difíciles, todas las más de cien pupilas presentes en la

clase le regalaron su atención. Lo miraron con extrema admiración, con

orgullo, con amor, con inspiración. Nadie conversó con el compañero, nadie

miró el móvil, nadie comprobó la hora. Solo miraban, escuchaban, y

asimilaban.







Tengo el gran privilegio de trabajar con M. Faye tres días a la semana, y

cada uno de todos esos día deposita una gota de inspiración en mi alma.

Dejando de lado (y sin restarle la más mínima importancia) su gran

conocimiento del idioma, sus profesionales habilidades de enseñanza y la

dedicación que muestra por su trabajo, sin duda su bella concepción de la

educación es lo que más seduce a mis sentidos. En cada lección, se asegura

de que sus estudiantes aprendan una combinación de habilidades escritas,

orales y de comprensión de la lengua inglesa. Pero también, se asegura de

que cada día aprendan una lección de vida. De manera voluntaria o

involuntaria, riega a sus alumnos con amor, paciencia, sueños, confianza,

esperanza. Les hace creer en una posibilidad de cambio, en su propio poder

para decidir sobre el futuro de sus vidas y las de aquellos que aman.







En mi pueblo, tengo grandes mentores que iluminan mi mente, mi corazón y mi

alma día a día. Pero estoy inmensamente conmocionada ante el hecho de que

las invaluables palabras y valiosas acciones de este hombre, lleguen no

solo a mí, sino a alrededor de 150 jóvenes almas curiosas cada año en este

recóndito lycée.









*Te lo aseguro, M. Faye, supervisor, maestro, compañero, amigo, héroe; que

esas pequeñas olas de inspiración que propagas con tu presencia, no tienen

precio, y que un día, crearán un océano de cambio. Justo como esas pequeñas

pero valientes hormigas de las que tanto hablabas, granito a granito.*

Paula Medina