Trazas de pensamientos mañaneros

Paula Medina - Senegal


January 14, 2019

January 14th 2018

Today we don’t have Wolof class in the morning. So I take the path to the
outskirts of my town, what I call the forest. I walk exchanging some
¨Salammalekum¨, I open my eyes to the beauty of the baobabs and I discover
a new small town surrounded by peace and calmness. I feel freedom and love,
birds warble, the Sun goes through my skin and the sky surrounds me with
color. I feel like a bird flying over the firmament, like a fish diving the
inmensity of the ocean.

The sand accumulated in my socks already doubles the weight of my snickers.
The Sun starts to burn my skin. But the beauty of this scene continues
untouched.

I’m already home. Mi big brother gives me a smile and a sweet morning
greeting. I hear the mortar my mum and my aunt are using to prepare lunch.
My dad shares with me his disappointment regarding the wrestling of
yesterday. My uncle walks around the house. And meanwhile, both babies take
turns to entertain me while I try to write, and they make me laugh with
their tenderness.

After 11 weeks my path will take again a new fork. I stare at my little
brother. After each scrawl he is drawing, he keeps looking and me, and
smiling me while he babbles ¨Rafetnaa?¨ (¨Is it beautiful?¨). And I wonder,
how will I even be able to get away from that unforgettable gaze?

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14 de Enero de 2018

Hoy no hay Wolof class por la mañana. Así que voy a las afueras de mi
pueblo, lo que considero como el bosque. Paseo intercambiando algunos
¨Salammalekum¨, admiro la grandeza de los baobabs, y descubro un pequeño
pueblo que irradia paz y tranquilidad. Siento libertad y amor, los pájaros
trinan, el sol atraviesa mi piel y el cielo me envuelve de color. Me siento
como pájaro sobrevolando el firmamento, como pez sumergiendo en el gran
océano.

La arena acumulada en mis calcetines ya casi dobla el peso de mis
deportivas. El sol empieza a quemar mi piel. Pero la belleza del ambiente
sigue impasible.

Y ya estoy en mi hogar. Mi hermano mayor me regala una sonrisa y un buenos
días. Escucho el mortero con el que mi madre y mi tía preparan la comida.
Mi padre me comenta su decepción con el combate de lucha libre de ayer. Mi
tío se pasea de un lado al otro de la casa. Y mientras, los dos bebes se
turnan para entretenerme mientras intento escribir, pero me hacen reír con
su ternura.

Tras 11 semanas mi camino toma de nuevo otra bifurcación. Y miro a mi
hermanito, que entre garabato y garabato que dibuja me dedica una sonrisa y
me pregunta ¨Rafetnaa?¨ (¨¿es bonito?¨). Y me pregunto, ¿cómo seré capaz si
quiera de separarme de esos ojillos?

Paula Medina